“El gran teatro”
Hace muchos tiempo en una ciudad muy parecida a la nuestra, existía un grupo de artistas que eran los mejores del mundo; tenían cantantes, bailarines y un gran director. Este director del teatro era muy feliz pues sus artistas hacían los mejores espectáculos y la gente venía de todos lados para ver sus obras teatrales, el teatro siempre tenía algo hermoso que ofrecer.
Esto duró varios años, pero un día el director se dio cuenta que sus cinco cantantes, empezaban a tener problemas: les fallaba la voz, cantaban a destiempo, se atoraban o estornudaban en medio de las canciones, lo cual perjudicaba a los bailarines que se tropezaban o bailaban en los lugares equivocados. Muy preocupado el director del teatro, se quedo dormido, esa misma noche tuvo un sueño: se le aparecía un árbol mágico, que tenía las hojas blancas colgadas de ramas celestes, este árbol mágico le preguntó porque estaba tan preocupado, el director le contó lo que ocurría con sus cantantes, a lo que el árbol le explicó que eso sucedía por la edad que tenían y que lamentablemente eso iba a suceder, que debía cambiar de cantantes. ¡No! Exclamó el director debe haber otra solución, se repetía una y otra vez.
Así se pasó el día siguiente, viendo como sus cantantes volvían a equivocarse, sus bailarines a fallar y él entraba en desesperación. Esa noche volvió a soñar con el árbol mágico, en sus sueños el árbol se compadeció del director y le propuso algo: ¿Qué te parece si convertimos a tus cantantes en unos dibujitos que tú podrás poner en mis hojas? El director se fijó en las hojas del árbol y se dio cuenta que eran una hojas ¡rectangulares! Se emocionó y dijo: de acuerdo.
Cuando despertó fue corriendo al teatro y ya no encontró a sus cantantes, en su lugar estaban varias hojas de papel y en cada una estaba una vocal: a, e, i, o, u.
Muy contento el director del teatro, se puso a escribir con las vocales, cuando hubo terminado una línea, algo lo llenó de miedo: ¡nadie entendería lo que escribía! Cuando quería poner lápiz le salía ai, cuando quería poner ventana le salía eaa, o si quería poner escuela le salía euea. Las hojas del árbol mágico solo servían para escribir con vocales. Eso era terrible.
En la noche al encontrarse otra vez con el árbol mágico, le contó lo sucedido, el árbol mágico le dio una nueva solución: ¡Podría convertir a sus bailarines en otras letras para que acompañen a sus cantantes! El director estaba loco de contento, empezó a pensar en todas las cosas que podría escribir y crear con sus nuevas letras, pero el árbol estaba muy calladito ¿Qué te ocurre amigo árbol? Preguntó, es que ya no tengo más magia, solo puedo convertir uno de tus bailarines en letra, cada día, así que tienes que elegir que letra es la que usarás primero para acompañar a tus vocales.
Luego de muuuucho pensar, el director eligió la letra l, y así por fin empezó a escribir: La ola lila, la ula ula de Lola, el ala. Estaba feliz. ¿Y ustedes?

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